El primer vuelo tripulado de un avión impulsado por hidrógeno (08/05/2008)
Boeing ha conseguido volar con un avión que funciona con pilas de combustible de hidrógeno. Las pruebas, que se llevaron a cabo entre Febrero y Marzo en el Aeródromo de SENASA (ubicado en la población toledana de Ocaña) tiene su especial relevancia. Se trata del primer aeroplano de estas características en toda la historia de la aviación que consigue completar un vuelo tripulado.
La compañía aprovechó la estructura de un motovelero biplaza Dimona (traducido, un avión pequeño) que fue modificado específicamente para la ocasión. Lo equiparon con un sistema híbrido de potencia que combina la pila de combustible PEM (membrana de intercambio protónico) y una batería de iones de litio, que abastece de energía al motor eléctrico de la hélice. Esta configuración es más respetuosa con el medio ambiente que las habituales basadas en derivados del petróleo.
Durante las pruebas realizadas el avión llegó a una altura máxima de 1.000 metros sobre el nivel del mar usando los dos métodos de propulsión al mismo tiempo. Cuando el avioncito alcanzaba la velocidad de crucero, los pilotos desconectaban el motor eléctrico. Usando sólo las pilas conseguieron mantener el vuelo estable durante 20 minutos a una velocidad de 100 kilómetros por hora. Aunque no hayan logrado la potencia de una nave supersónica la prueba podría calificarse como satisfactoria.
La tecnología ha sido desarrollada por un equipo de ingenieros de la compañía establecido en Madrid. Han contado con la ayuda de empresas de distintas nacionalidades: Estados Unidos, Reino Unido, Austria, Alemania, Francia y sobre todo España. Boeing seguirá investigando en este sistema de propulsión, pero, de momento, sólo se podrá usar con aviones de pequeñas dimensiones. A largo plazo podría incluirse en los generadores de potencia secundarios de aviones grandes.
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Los europeos del futuro podrán llegar a cualquier parte de Australia, Asia o Suramérica en un máximo de cuatro horas y media. Tal es el propósito de la empresa británica Reaction Engines, que pretende construir, con ayuda de financiación pública, un avión supersónico capaz de albergar 300 pasajeros.
La aeronave, denominada A2, está apoyada por la Comisión Europea y la Agencia Espacial Europea (ESA), y empleará un nuevo tipo de motor impulsado por hidrógeno líquido, un combustible que suele usarse los cohetes.
Al contrario que el ‘Concorde’, el nuevo avión pretende tener una autonomía de vuelo de hasta 20.000 kilómetros, suficiente para llegar a las antípodas en un solo trayecto.
Para realizar esta clase de vuelos sostenidos a velocidades supersónicas -hasta 40.000 metros por segundo- habrá que diseñar motores que puedan obtener oxígeno del aire y no necesiten llevarlo en tanques internos, según la Comisión Europea.
El plan de esta institución, que financia la mitad del proyecto del A2, es que los ciudadanos de Europa puedan llegar a cualquier parte del mundo en un tiempo de dos a cuatro horas de aquí a unas dos décadas.
Por su parte, los diseñadores del avión creen que su modelo estará disponible en 25 años si hay suficiente demanda y calculan que, a partir de esa fecha, el 10% del tráfico aéreo podría corresponder a vehículos supersónicos.
Bruselas-Sidney, que sería uno de los vuelos directos más largo imaginables, tardaría poco más de cuatro horas y media, según los responsables de Reaction Engines.
En cuanto al precio del billete, la compañía de Oxfordshire (Reino Unido) estima que no sería más caro que hacer ahora ese mismo vuelo en clase ‘business’, lo cual lleva más de 20 horas.
Un inconveniente: el A2 va tan rápido que no puede albergar ventanillas lo bastante seguras, así que los viajeros con claustrofobia tendrán un problema.